sábado, 23 de abril de 2011

La influencia de Aragón en tierras lorquinas

Hubo un tiempo en que Lorca perteneció a la Corona de Aragón. No fue mucho, apenas 4 años, en los que las luchas por el territorio entre las Coronas de Aragón y Castilla eran continuas, pero su legado aún sigue vigente.

LA CIUDAD PERDIDA

La influencia de Aragón en tierras lorquinas

03.04.11 - 02:04 - ANTONIO SORIANO
La incorporación de Lorca y su territorio a la Corona de Castilla, conseguida por Alfonso el Sabio en 1244, cuando todavía no ocupaba el trono, tuvo dos periodos problemáticos en los que se hizo notoria la presencia del Reino de Aragón. El primer momento se produjo como consecuencia de la política de Alfonso X para desplazar a la población musulmana de la villa lorquina, facilitando a los cristianos la compra de terrenos y casas a los mudéjares, además de una serie de medidas de tipo defensivo que incumplían gravemente lo acordado en la capitulación de 1244.

Esta presión, que se producía también en todo el Reino de Murcia, provocó en 1264 la rebelión de los musulmanes murcianos y andaluces. En el caso de Lorca sólo se sublevó la villa, aguantando la guarnición castellana de la fortaleza. La intervención de Jaime I de Aragón en ayuda de su yerno Alfonso X puso fin a esta sublevación. En Lorca fueron expulsados casi todos los mudéjares, salvo un simbólico número de ellos, y desde la Corona se potenció la repoblación de esta comarca con cristianos venidos desde otros puntos de reino.

El otro momento en que Aragón se hizo presente en esta zona ocurrió ya en el siglo XIV. Tras la muerte de Alfonso X se produjo un progresivo enfrentamiento entre Castilla y Aragón, a pesar del acuerdo de 1291 en Monteagudo, que desembocó en una guerra abierta por el control del reino de Murcia. Jaime II aprovechó la minoría de edad del rey castellano Fernando IV y ocupó la parte del territorio murciano desde Alicante hasta Caravaca.


Carta plomada de Fernando IV de Castilla concediendo a Lorca los castillos de Nogalte, Coy, Alhama, 
Amir, Calentín y Ugéjar en 1299 por su resistencia a Jaime II.:: ARCHIVO MUNICIPAL

Lorca resistió la presión aragonesa durante cuatro años, desde 1296 hasta la Navidad de 1300. Su aislamiento y su resistencia ante los aragoneses llevó a la Corona castellana a conceder a los lorquinos dos de los privilegios más conocidos de su historia: uno, para acuñar moneda (1297) y otro que le otorgaba diversos castillos y términos al concejo de Lorca, entre ellos los de Nogalte, Coy, Alhama, Amir, Calentín y Ugéjar (1299). Este último, a pesar de no tener aplicación efectiva en esos momentos, sirvió de base legal para justificar la ampliación y defensa del término municipal lorquino a lo largo de los siglos posteriores.

La caída por capitulación de la villa y fortaleza, que había resistido a pesar de todos los esfuerzos militares de Jaime II por conseguir su rendición con las armas, motivó que el rey aragonés le respetase todas las libertades y fuero, además de seguir apoyando económicamente el mantenimiento defensivo de Lorca y su entorno.

Talla de San Jorge que existía en la iglesia de este santo   
El dominio aragonés, en el caso lorquino, fue bastante breve, apenas cuatro años ya que el tratado de Torrellas-Elche, firmado en 1304-05, contemplaba que la zona sur del reino murciano sería devuelta a Castilla, incluida Lorca. El rey Fernando IV, al recuperar el territorio, no sólo perdonó la capitulación al aragonés cuatro años antes, sino que continuó con el apoyo a Lorca como punto fuerte de la red militar en el reino frente a los musulmanes de Granada.

La villa que retorna al dominio castellano presentaba un panorama muy triste. No había población, ya que muchos de los que se marcharon con los aragoneses no volvieron temiendo represalias de sus antiguos vecinos a pesar de las garantías del rey, los bienes eran escasos y la tierra vacía y yerma. En los años siguientes de este periodo medieval, Lorca no sería más que una fortaleza situada en un territorio frecuentemente visitado por huestes armadas enemigas. Unos años difíciles y oscuros.

Uno de los aspectos en que la presencia aragonesa dejó su poso fue el del lenguaje. Ya con los primeros conquistadores castellanos arribaron a esta zona un buen número de aragoneses, al igual que de otras regiones, como lo prueban algunos apellidos de los destinatarios de los primeros repartimientos. Incluso antes, en 1242, dos frailes de la Orden de la Merced sufrieron martirio en Lorca adonde llegaron para predicar la religión cristiana.

En el dialecto murciano moderno perdura esa influencia aragonesa al igual que ocurre con palabras catalanas y valencianas. Entre ellas se pueden mencionar abonico, bardomera, bozo, capazo, cepo, achaparrado, falsa (desván), fulero, merendola, pirindola, robín y zarangollo.

De igual manera hay palabras de uso habitual aquí que son comunes a la vez al aragonés, al catalán y al valenciano. En este grupo se incluyen aguijón, baladre, corrental, endeñarse, esclafar, gallá, gíngol, manchar, melón de agua, pescatero y rampa (calambre).

Otra parte de la herencia fue de tipo religioso. Conviene recordar que hubo una importante parroquia dedicada a San Jorge, un santo medieval, que es patrón de Aragón y Cataluña, cuya fiesta se celebra el 23 de abril. Esa iglesia lorquina fue demolida para en su solar levantar el gran templo dedicado a San Patricio.

Cuadro de San Jorge en el altar mayor de San Patricio pintado por
el lorquino Camacho Felices. :: PACO ALONSO / AGM
    

Del primitivo templo se conservaba una talla del santo, de pequeño tamaño, que fue destruida en la guerra civil. Y en la actual excolegiata existe un cuadro, en el altar mayor, dedicado a este santo, pintado por Camacho Felices. Y no conviene olvidar, en los recuerdos sobre San Jorge, que existió una puerta interior en la vieja ciudad con el nombre de este santo.

Son varios los documentos que Jaime II emitió desde Lorca en diciembre de 1300, que se conservan en el Archivo de la Corona de Aragón. Entre ellos está aquel en que el rey conminaba a la villa de Lorca para que le entregara la torre principal o del homenaje del Castillo; otro es el acta de capitulación de la fortaleza por su alcalde Nuño Pérez, con el compromiso de conservarle todos los fueros recibidos de Castilla; y un tercero que es un privilegio plomado de confirmación de los fueros de que disfrutaba la ciudad hasta su rendición.

Fuente : La Verdad

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